¡Bienvenidos en Córcega!

Muchos se acercan por los colores vivos de sus playas en pleno estilo mediterráneo (aguas turquesas, arenas blancas, detrás la maquia verde y perfumada), otros por la posibilidad de practicar, en un territorio relativamente poco extendido, las actividades deportivas más diferentes, de las inmersiones al alpinismo, de las regatas al canyoning, de la equitación al ciclismo, del jogging al relax más total.

Otros, aún, para recorrer, toda o en parte, la difícil dorsal de la isla por el legendario GR20, algo que más que una actividad deportiva puede transformarse, según las suertes de quien lo emprende, de “simple”, arduo, pero gratificante trekking al descubrimiento del interior corso para los más navegados, a una especie de experiencia mística para quien después de años de preparación logró finalmente a recorrerlo todo, o a una verdadera hazaña heroica, para quien ha incurrido en algun imprevisto meteo o de recorrido pero no obstante todo ha logrado a cubrir todas las etapas; o incluso a una anhelada Shangri-La, de la que quizás se ha conquistado sólo algún pináculo en un bochornoso día de verano y al que sin embargo luego se ha preferido continuar a mirar con insatisfecho deseo desde una playa soleada o desde la fresca orilla de un río.

No que todo esto sea poco, sino que constituye una pequeña parte, quizás sólo la más conocida, de lo que Córcega puede ofrecer. A partir de su particularidad histórica y linguística, de la que se halla el reflejo incluso en los rincones más remotos de la isla; a esta particularidad están ligadas por ejemplo una tradición musical bien arraigada en el territorio y una atención particular a la genuinidad de la propia cocina, que en los siglos ha acogido elementos externos y que sin embargo se hace fuerte de tantas especialidades que en sus perfumes y en sus sabores hablan decididamente corso.

Además un vivaz calendario de eventos culturales, gastronómicos, deportivos, prácticamente no deja descubierto ningún período del ano, así que satisface también los menos propensos al ocio en vacaciones, actividad de todas formas noble a la que se prestan más que dignamente muchos lugares de Córcega.

A completar el cuadro los hermosísimos paisajes del interior, un lento pero romántico trenecito que los atraviesa, uno de los sitios arqueológicos más sugestivos del área mediterránea, Filitosa, los antiguos puentes de piedra, las torres de guardia, el fascino de Bonifacio, pero también de muchas pequeñas aldeas arraigadas sobre los montes o asomados sobre el mar.

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